¡En ocasiones la vida nos invita muy amablemente con una patada en la cola a madurar!

¡Hola! ¡Bienvenid@ a mi blog! si aún no me conoces soy Hindy, en estos últimos dos meses he estado ausente de mi redes pues ha sido un periodo de mucha introspección y aprendizaje. Podría asegurar que son los meses que más me han enseñado a evolucionar, conocerme y aterrizar en la vida.

A veces la ausencia, la soledad, el dolor son necesarias para crecer, conocernos, entendernos y para saber que lo más bonito que tenemos somos nosotros mismos. En ocasiones la vida nos invita muy amablemente -con una patada en la cola- a madurar, sacándonos de nuestra zona de confort. Estos meses han sido particularmente difíciles para mí y por lo que he podido notar este 2019 ha traído cambios personales en la mayoría de la personas que conozco, por eso me llena de inspiración poder compartir mi aprendizaje.

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En lo particular me ha tocado aprender a sentir dolor, a lo largo de mi vida había evitado sentir dolor de alguna índole porque no tenía idea que lo estaba evitando, no tenía idea del miedo que tenía a sentir esas emociones que consideraba negativas y siempre lo ignoraba y lo pasaba por alto sin prestar atención a lo que estaba sintiendo y sólo me decía a mí misma -y a los demás- “estoy bien” ¿Te suena familiar?

Decir que “estamos bien” cuando en realidad nos está cargando la v… ida, es algo muy común en nuestra sociedad y a veces es casi como una obligación estar bien y reponerse pronto de procesos dolorosos porque al parecer no tenemos permitido pasar por momentos de duelo dignamente. Estoy segura que a nadie le gusta sufrir, pero no hacerle frente y evitar sentir dolor, en algún momento nos cobra factura y ¡no es fácil! para eso no hay una pastilla mágica o alguna solución que te ayude a estar mejor solo porque sí. El dolor es un proceso que se tiene que vivir, se tiene que llorar y se tiene que madurar y aunque no me sienta particularmente orgullosa de admitir que durante mucho tiempo me faltó valor para afrontar las cosas que me hacían daño, hoy me siento satisfecha y optimista de poder ser amiga del dolor, de mi dolor, pero más importante aún, de poder sanarlo con responsabilidad y amor para conmigo misma.

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Cuando la vida te sacude es inevitable cuestionarse y cuestionar la vida en sí, no en el sentido de si vale la pena vivirla o no, sino cuestionar todo lo que has hecho a lo largo de tu vida, replantearte el camino transcurrido. Me gustaría compartir desde mi experiencia compartir que aunque me falta mucho por recorrer aún, todo pasa si así lo queremos, que siempre al final del túnel está tu yo superior esperándote con los brazos abiertos en el momento justo, ni antes ni después por más desesperante que pueda ser la trayectoria.

En el momento que decidí emprender este cambio en mi vida, al principio no tenía idea de qué haría o cómo cambiaría mi vida, no tenía un plan en concreto porque en ese momento lo único que me importaba era resolverlo, salir de ese estado mental y emocional. Hoy día estoy convencida que la decisión que tomé -aunque no ha sido fácil- fue la correcta; hoy día sigo teniendo altas y bajas, siguen dándome ganas de llorar ¡y me lo permito, me lo permito porque soy fuerte! Hoy me siento llena de energía y de fuerza para crecer para ser una mejor versión de mí.

Si también tú atraviesas por un momento de depresión o angustia me gustaría decirte ¡VÍVELO! Vive tu dolor y aprende de él, recuerda que el dolor es temporal y el sufrimiento opcional, recuerda el valor inmenso que tienes y aunque ahora sea una época oscura, al final todo tendrá sentido, y por último, ten paciencia contigo mismo y aprende con tu propia historia lo que para ti significa ser feliz.

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